Ubuntu – Kubuntu

Me ha costado bastante hacerlo funcionar, pero un golpe de suerte ha hecho que pueda «disfrutar» de Linux en mi equipo principal.

Y digo «disfrutar» porque ha sido una montaña rusa de emociones. En algunos momentos me he sentido como en casa y en otros ha sido una auténtica pesadilla.

Durante todos esos meses que intenté hacer funcionar cualquier distribución de Linux llegué a desesperarme. Era una continua prueba de distros para que todas fallaran de manera miserable.

Un poco de historia:

En mi viejo equipo Kubuntu ha demostrado ser una distribución sólida, confiable y hago todo lo que necesito con ella. El problema es justamente el hardware. Es viejo y no tiene suficiente potencia para poder hacer todo lo que necesito.

Sí, puedo hacer todo excepto editar imágenes RAW de un tamaño considerable o montar panorámicas de bastantes imágenes, HDR… Todas esas tareas me llevan muchísimo más tiempo en ese ordenador antiguo que en el nuevo y teniendo al peque correteando por la casa, los momentos que puedo sentarme en el ordenador no quiero pasarlos esperando a que termine de montar una panorámica o hacer un HDR.

Así que desde que lo tuve todo controlado, quise tener Linux en el ordenador principal. Y ahí empezó la montaña rusa.

Intentando no rendirme:

Durante meses intenté una y otra vez instalar cualquier distribución de Linux. Todas se quedaban colgadas en algún punto.

Pensé que era algún problema de hardware así que decidí quitar memorias, cambiarlas de banco, probar distintas configuraciones de BIOS, étc… Así hasta hartarme por completo de que ninguna funcionase.

Algunas, como Ubuntu, no pasaban del instalador. Automáticamente se cerraba y se quedaba la pantalla congelada.

Harto de buscar por internet llegué al punto de instalar Windows en ese Nvme nuevo que había comprado para poder instalar Linux. Sí, instalé Windows a la primera sin problemas…

Así que aunque continuaba en Windows, seguía pensando que no era justo que no pudiese instalar el sistema operativo que realmente quería.

Durante semanas continué dándole vueltas al tema con dos módulos de RAM sobre la mesa porque pensaba que estaban malos… Así que dije, voy a volver a ponerlos.

El golpe de suerte:

Con toda la RAM instalada, decidí continuar trasteando la BIOS y limité ciertas cosillas como la cantidad de vatios que consumía el procesador. También desactivé toda la «mandanga» de AMD y el «Precision Boost…». Apliqué un voltaje manual a las RAM y continué funcionando en Windows.

Hasta que hace un par de meses decidí intentar cagar una distro en modo live y… ¡Voilá! funcionaba a la perfección.

Como no quería embarcarme en instalar sin saber si funcionaría correctamente, decidí arrancar durante días (semanas) la distro live para ver si sólo había sido un golpe de suerte o todo iba bien… Todo funcionaba siempre así que me decidí a instalarla.

Ubuntu:

¿Porqué no elegí Kubuntu del tirón? Porque de todas las que había probado fue con diferencia la peor. Es la que más fallaba y era prácticamente infumable.

Así que vi que Ubuntu con el escritorio Gnome iba de fábula y lo instalé. Todo perfecto (con sus cosillas) pero bien.

Hasta que hace un par de días echaba de menos el uso de KDE como escritorio y he decidido instalarlo.

Y por ahora, después de un par de días usándolo, todo va perfecto. Algunas cosas no funcionan correctamente por culpa de haber instalado una distribución híbrida, pero estoy realmente contento de haberlo hecho.